domingo, diciembre 06, 2009

Teología de la liberación vs. conservadurismo teológico

Impresiones sobre una entrevista a Gustavo Sánchez(*) acerca de la Teología de la Liberación

Antes de empezar debo aceptar mi escasa información y formación en cuestiones de teología. Sin embargo, considero que ello no me exime de tener una postura respecto a ciertas afirmaciones que involucran una discusión académica en la que puede participar todo aquel que crea tener algo importante que decir. A pesar de que la autoridad para manifestarse sobre alguna materia tiene que ver con la especialización en la misma, también considero que ninguna parcela del saber humano es patrimonio de nadie, es decir, por ejemplo, los asuntos literarios han sido abordados por científicos sociales y filósofos con resultados satisfactorios que, a su vez, han ampliado el horizonte de la teoría literaria contemporánea. Lo mismo podría afirmar acerca de la teología y la filosofía. Por ello, más que la autoridad del individuo, o además de ella, es importante el contenido de las ideas expuestas.

El 2005, Gustavo Sánchez, profesor de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, fue entrevistado acerca de la Teología de la Liberación, especialmente, sobre la tendencia desarrollada por el sacerdote Gustavo Gutiérrez. Al respecto, después de revisarla, y con la distancia de por medio, me animo a observar algunas de sus afirmaciones. (Por ello, sugiero leer primero la entrevista).

-La creencia de que puede existir algún discurso desideologizado, inmaculado de cualquier contenido. Esto es un total desacierto de su parte. Lo ideológico está presente en cualquier discurso sobre todo si se trata de aquellos que son enunciados desde posiciones de poder. El problema no es que exista ideología en la TL, sino en deslizar la posibilidad de que desde los estudios teológicos no exista ideología, y peor aún en creen que esta no existe (es cuando no se la quiere ver cuando realmente es más activa) entendida como un sistema de creencias que busca constituirse como una herramienta de poder a través del discurso. Es este discurso el que mueve a los individuos a actuar según lo previsto por la ideología, o sea, que es indispensable un aparato institucional que sostenga el discurso ideológico y que lo reproduzca a través de individuos que gocen de reconocimiento social (el espacio académico brinda una oportunidad enorme para esto; también lo son los cargos públicos y políticos). A la luz de esto, habría que preguntarnos si los estudios teológicos católicos no están ideologizados. Al menos la TL hace visible ello a través de la crítica.

-Lo otro es que a través de las respuestas de Gustavo Sánchez me queda más clara la diferencia entre la filosofía y la teología
. Si la filosofía renuncia a la reflexión, a la crítica constante, incluso de sus propias ideas, pierde, para mí su razón de ser. Los teólogos conservadores como Sánchez, apelarán, como es de esperarse a una hermenéutica también conservadora. Cada vez estoy más convencido de que la filosofía, o más bien los filósofos, no deberían llegar a defender con apasionamiento ninguna creencia que antes no hayan cuestionados exhaustivamente. Un ejemplo de ello me viene a la mente con Isaiah Berlin quien fue un ardoroso crítico del marxismo, pero a la vez un denodado lector de las obras de Marx a quien dedicó varios ensayos.



-Y en relación con lo anterior, es increíble, o tal vez no debería serlo viniendo de un conocedor en teología de orientación conservadora, defender la integridad del conocimiento teológico negando la posibilidad de que se enriquezca con los aportes de otras disciplinas como el marxismo, agregado al cual considera de una perversión enorme. Si el marxismo con toda la carga dogmática que tuvo y todavía mantiene en algunos sectores, fue susceptible de incorporar al psicoanálisis, al estructuralismo, a la semiótica y aplicarse no solo al análisis socioeconómico y político, sino también al cultural (tal como lo hizo la Escuela de Frankfurt y posteriormente los postmarxistas europeos) ¿por qué defender la teología como un espacio que rechace la multidisciplinariedad?. Al respecto, me sorprende como es que Sánchez reconoce una heterogeneidad dentro del pensamiento de la Teología de la Liberación, pero ignora la misma heterogeneidad dentro del marxismo. Hago esta mención porque en la referida entrevista, Sánchez, ante la pregunta que considera la violencia como un elemento consustancial del marxismo, avala dicha implicancia. La violencia no es consustancial al marxismo. No voy a dedicar una amplia digresión a detallar las diversas tendencias postmarxistas en la actualidad, pero solo recalco que en las plataformas de lucha del marxismo contemporáneo, es decir, de aquel que ha asumido una autocrítica luego de la debacle post muro de Berlín, se han incorporado las reivindicaciones de las minorías étnicas, nacionales, sexuales, lingüísticas y hasta religiosas y ya no solo las económicas del proletariado.

-Otro: ¿por qué un intelectual como Gustavo Gutiérrez que tiene la convicción de una idea tendría que rectificarse si no lo desea? Si lo hace será en virtud de un convencimiento personal, pero me parecería grave que lo hiciera por mandato o sumisión a la jerarquía eclesiástica. Al parecer la Sánchez, Gutiérrez y la TL ya perdieron antes de discutir. ¿se puede entablar un diálogo en estas condiciones? Definitivamente, no. La explicación puede ser que la teología, tal como la conciben aquellos que coinciden con Sánchez, parte de la premisa de la incuestionabilidad de ciertos conocimientos que deben mantenerse inalterables e impolutos. Lo otro tiene que ver con los objetivos de esta teología y sus presupuestos: argumentar apelando a la divinidad de Jesucristo puede ser válido para una comunidad cristiana (incluso guardando ciertos reparos dependiendo de qué tendencia sea) pero será inútil si se quiere debatir fuera de esos espacios en los que la razón y/o la práctica aportan evidencias. Sánchez no debate fuera de esos ámbitos.

Encuentro una significativa carga dogmática en la crítica de Sánchez hacia la Teología de la Liberación. La pregunta que me gustaría hacerle es cómo hace para conciliar la filosofía con la teología de manera que una no termine opacando a la otra. En su caso, al parecer, la filosofía ha sido engullida por la teología conservadora.

Estoy seguro de que dentro de los estudios cristianos y específicamente católicos, existen mayores niveles de apertura que no hallan discrepancia entre, por ejemplo, la sociedad secular que propone el modelo liberal y la religión, o el de la deliberación política desde cualquier esfera pública o privada sin importar la investidura de quien lo hiciera, ya sea religioso o laico. Por todo ello, considero que los alcances de la crítica de Sánchez adolecen de un vuelo muy reducido, ya que fuera del ámbito de la teología conservadora, dudo que pueda establecer un diálogo que sea mutuamente enriquecedor en la medida que sostenga ideas como la posibilidad de un discurso desideologizado o la negación de la multidisciplinariedad del conocimiento, en este caso, de la teología.

Enlaces relacionados


(*) Gustavo Sánchez, Sodálite, Doctor en Sagrada Teología. Se desempeña como Profesor Principal en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, es Director de la Escuela de Postgrado de la misma Facultad de Teología y Profesor Asociado de la Universidad Católica San Pablo (Arequipa).

martes, noviembre 17, 2009

Perú y Chile: el espíritu del nacionalismo tribal (I)


Los últimos desencuentros entre los gobiernos de Perú y Chile a raíz del caso de espionaje atribuido al vecino país del sur es un buen motivo para analizar las pulsiones que sustentan el espíritu tribal del nacionalismo que cada cierto tiempo asoma con tanta fuerza y vitalidad que pareciera convencernos de que la integración sudamericana, a más de un siglo de nuestra independencia, es un proyecto muy lejano de concretarse. Y todo porque un nacionalismo perverso anima el accionar de la población y de algunos políticos irresponsables que aprovechan la oportunidad para adquirir notoriedad.

He venido escuchando en algunos medios que se pretende fomentar un bloqueo comercial de parte de los consumidores para no comprar productos chilenos; de esta manera, supuestamente, estaríamos infligiendo un severo castigo a los inversionistas sureños en nuestro país, además de mostrarles lo unidos que estamos frente al agresor. De obtener la acogida que pretende esta iniciativa, lo que lograríamos de inmediato es perjudicar a los miles de empleados y funcionarios peruanos que laboran en las empresas chilenas que invierten en el Perú. Imagínense que la primera víctima de esta campaña antichilenista fueran Wong, Saga Falabella o Ripley ¿a quién perjudicarían realmente con este boicot? ¿al vil empresario capitalista chileno? ¿A Michelle Bachelet? De ninguna manera. Afectaría al cajero, al empleado de almacén, al personal de plataforma, al joven que acomoda los productos en el carrito y que nos despide, a veces, con una frase repetida de memoria o con una sonrisa impostada. En la segunda línea, estarían los funcionarios y los mandos medios. Y cuando, de persistir esta irracional propuesta, los funcionarios que toman decisiones vieran en ello un problema, simplemente rematan, venden y se acabó: adiós problema.

Lo anterior no significa que no me sienta indignado por sucesos como la negativa de los gobiernos de Chile a realizar un plebiscito en Tacna y Arica y las maniobras dilatorias para cumplir los tratados; la falta de argumentos para explicar el caso de espionaje; la escalada armamentista que justifican bajo el pretexto de la renovación estratégica; la vergonzosa actitud del gobierno de Eduardo Frei que vendió armas al Ecuador durante el conflicto del Cenepa, a pesar de ser Chile un Estado garante del Protocolo de Río de Janeiro; la falta de reciprocidad en lo referente a las facilidades para la inversión de medianas empresas; y la negativa de Chile de aceptar de buen grado negociar el diferendo marítimo sobre el cual tenemos argumentos concluyentes. Al contrario, todo esto me deja un sabor amargo y me convence de que el bienestar económico no es un antídoto totalmente efectivo contra el nacionalismo patriotero que asemeja a una riña de barras bravas o al enfrentamiento entre pobladores que defienden los linderos de un terreno invadido: en ambos casos, se ve al otro como una potencial amenaza para la propia existencia, de tal manera que, en situaciones extremas, la comunidad en su conjunto no ve otra razón de existir que afianzarse en mantener vivas las diferencias conflictivas.

El hecho que todos los gobiernos de Chile, matices más, matices menos, hayan mantenido con nosotros una política ambigua desde que terminó la guerra del Pacífico -como dijo alguna vez el general Chiabra- llamando a la paz, a la integración comercial, por un lado; y armándose, por el otro, debe hacernos pensar que en ese país la clase política dirigente y las Fuerzas Armadas siguen viendo al Perú, ahora más que nunca, como una potencial amenaza.

El año pasado estuve en Santiago durante una semana luego de 25 años y pude comprobar que muchos peruanos que viven allá han logrado salir adelante a costa de mucho esfuerzo, incluso, venciendo la resistencia de los locales. El tema de conversación en todo momento era el despegue económico (?) del Perú. Muchos amigos chilenos no comprendían como es que, luego de elegir un japonés que renunció vía fax, elegimos a quien nos llevó hacia el precipicio. Sus preguntas evidenciaban una curiosidad por lo que venía sucediendo en el Perú post-fujimorismo. En la perspectiva de muchos chilenos, el Perú atraviesa una situacion económica similar a la del Chile de los 90, es decir, del crecimiento sostenido. La expectativa era muy grande y desproporcionada a mi parecer, engrandecida por la capacidad de los medios de generar audiencia sobre la base de noticias analizadas al vuelo. "Ustedes están muy bien, nosotros estamos mal con la Michelle", me decían muchos en tono enfadado. Un año después me atrevo a afirmar que la misma inquietud ronda la mente de los políticos y de las Fuerzas Armadas chilenas: un país que experimenta un crecimiento económico sostenido como el Perú, que a nivel mundial recibe elogios por las políticas económicas aplicadas y que es expuesto como ejemplo de control fiscal, de hecho que despierta inquietudes. ¿Quién iba a preocuparse por el Perú de los 80´s sumido en una guerra interna o de los 90`s, cual enfermo convalesciente? La última vez que un gobierno chileno demostró abierta preocupación fue cuando a fines de los 70`s casi se inicia una guerra; según los entendidos, el saldo hubiera sido favorable al Perú habida cuenta de la crisis económica chilena producto de los ajustes implementados por los Chicago Boys y por la superioridad, en ese entonces, del poderío militar peruano.

Contrariamente a lo que se piensa, los gobiernos no siempre representan el sentir de los ciudadanos que los eligieron. Por ello, es necesario distinguir entre lo que los gobiernos y los ciudadanos pretenden. ¿A qué nos referimos cuando decimos "Chile quiere la guerra"? ¿No se confunde equivocadamente el sentir de la gente de a pie con la insania de militares en busca de protagonismo? Seguramente, muchos militares en el Perú ansían una guerra para demostrar su destreza en el combate y, de alguna manera, formar parte de una historia moderna que compensara la humillación del pasado. Y estoy convencido de que lo harían muy bien; no pongo en duda su aplomo a la hora de enfrentar al enemigo. A diferencia de Perú, Chile no ha enfrentado una guerra en más de cien años; nosotros hemos convivido con ella durante 20 años y todavía seguimos entrenando.

Sin embargo, ello no me enorgullece.

En circunstancias que la clase política es incapaz de pensar con prudencia, urge que la sociedad civil participe activamente no en campañas patrioteras absurdas que le hacen el juego a políticos oportunistas, sino en manifestaciones que combatan los instintos artificiales del nacionalismo tribal. Sí, artificiales porque no es cierto que los chilenos sean el enemigo: una mentalidad tribal razona de esa manera. Cuando se quiera hallar a algún responsable y no haya de dónde sacarlo, simplemente, lo inventaremos. ¿Significa que debemos ofrecer la otra mejilla? ¿No renovar nuestro armamento? ¿Esperar cándidamente una invasión? No. Significa colocar en una balanza lo avanzado en estos últimos 10 años y el sacrificio indefinido de una guerra en la que, a todas luces, tenemos las de perder.

Si algo sensato dijo Alan García en lo que va de su gobierno es que la "guerra" comercial y económica del presente la podemos ganar nosotros. A trancas y barrancas hemos firmado un TLC con EEUU, China está en ciernes, la EU a la expectativa. Algunos países sudamericanos han acogido la propuesta peruana para la reducción de armas, aunque en la práctica la realidad es otra. No obstante, es mucho lo que sacrificaríamos en una guerra. Luego de 1879, nos ha costado más de un siglo levantarnos ¿vamos a comprometer el futuro de las generaciones venideras en aras de una revancha nacionalista? En La Haya, queda cada vez más visto que nuestra causa es justificada. Aquellos Estados que no estén dispuestos a acatar los fallos internacionales que son de carácter vinculante se exponen a convertirse en parias, en leprosos que cualquiera evitaría tener al lado. El actual gobierno chileno está arriesgándose a ello si persiste en hacer gala de su poder militar para intimidar a sus vecinos (¿o acaso esta intimidación tiene nombre propio?).
(Continuará)

Enlaces de interés

ANTICHILENOS Y ANTIPERUANOS - José Alejandro Godoy
CHILE: EL SUR TAMBIEN EXISTE - José Alejandro Godoy
Mozo, hay un espía en esta sopa - Augusto Alvarez Rodrich

sábado, octubre 31, 2009

Contra la reelección presidencial en el Perú

Arturo Caballero Medina

Carlos Meléndez acaba de postear un artículo que también publicó en Correo,"Re-elección presidencial", en el cual sostiene que la reelección consecutiva por un solo periodo es apropiada. En virtud de ello, propone que en el Parlamento de discuta esta posibilidad. Por el contrario, considero que existen sociedades con mayores posibilidades que otras para que la reelección se instituya como un mecanismo efectivo que asegure la continuidad de un proyecto nacional entre las cuales excluyo al Perú por el momento.

La primera razón que esgrime a favor de la reelección es que "es el principal mecanismo de rendición de cuentas con el que cuentan los electores sobre el desempeño de sus elegidos". Es decir, que cuando el electorado manifiesta su deseo de elegir nuevamente a quien gobernó el país, se debe interpretar como un reconocimiento a la gestión o una renovación de la confianza. Sin embargo, a la luz de la nefasta experiencia del Fujimorato, no entiendo cómo Carlos Meléndez puede tener confianza en que -habiendo transcurrido tan poco tiempo de la re-re-elección de Alberto Fujimori- la reelección consecutiva pueda, efectivamente, servir como un instrumento de fiscalización. Carlos no nos explica cómo es que se desarrollaría esta rendición de cuentas de parte del gobierno reelegido. Más bien, sucedería absolutamente lo contrario: ese espíritu de la reelección (cuyas bondades son destacadas por Carlos) se vería distorsionado porque sería aprovechado para, por un lado, afianzar el poder del partido gobernante en el control de las instituciones del Estado, lo cual conduciría a una mayor indiferenciación entre gobierno y Estado; y,por otro lado, para obstaculizar todo intento de fiscalización que apunte a cuestionar la gestión del primer periodo, a la vez que para borrar todas las evidencias acumuladas antes de la culminación del segundo periodo.

La tentación autoritaria en nuestro país no ha desaparecido. Prueba de ello son los exabruptos de Alan García, Luis Giampietri, Rafael Rey, Lourdes Alcorta, Edgar Núñez, Mercedes Cabanillas y Ollanta Humala, del lado político; y Aldo Mariátegui, Andrés Bedoya (Correo), Uri Ben Schmuel (La Razón) y Rafael Romero (Expreso-RBC), del lado periodístico, cuando opinan, por ejemplo, sobre las reparaciones a los deudos de la masacre de Putis. Imaginen si estos mismos sujetos conservaran el poder y/o lo sostuvieran desde los medios. Un eventual tercer gobierno de Alan García consecutivo al presente se caracterizaría por una intensificación de la violencia (en todos sus matices) contra quienes criticaran su gestión amparándose en la voluntad de la mayoría que lo reeligió. Como si la mayoría que ganó tuviera que atropellar a los que discrepan. Este tipo de refugio político en lo popular es frecuentemente visitado por los caudillos. ¿Qué nos garantiza que un gobernante reelegido en el Perú, en las actuales circunstancias, no ceda a la tentación autoritaria?

De otra parte, Carlos Meléndez menciona que "la posibilidad de una re-elección puede ser un incentivo para la autoridad para mejorar su actuación. De otro modo, se corre el riesgo que la autoridad elegida se desentienda de su función y, a falta de motivaciones, reduzca su trabajo a una mediocre administración pública sin ambiciones". Estaría de acuerdo si -a riesgo de parecer pesimista o apocalíptico- el análisis de Carlos estuviera circunscrito a sociedades similares a las europeas en las que la experiencia de participación política de la ciudadanía es muy activa y notablemente más reflexiva (tampoco deseo caer en idealizaciones), pero no en el Perú de hoy. Carlos confía demasiado en los buenos propósitos de los gobernantes. Un presidente nunca gobierna solo, sino que gobierna "con" y "contra" algunos (en el sentido de lidiar frente a conflictos); la psicología de gran parte de la burocracia estatal o de la partidocracia en nuestro país no se guía por los principios de elementales del márketing ni actúan en función de la excelencia administrativa (excluyo a los tecnócratas que acuden al auxilio de los políticos cuando estos destacan por incompetentes); sino que están totalmente politizadas (en el sentido peyorativo del término), o sea, que actúan por consignas personales y partidarias. Esto se consolida cuando el sistema garantiza su permanencia en el poder.

Si un gobierno solo mide gestión en términos del reconocimiento de la ciudadanía con miras a reelección y reacciona ante la falta de reconocimiento con apatía e indiferencia -como el niño que no estudia si es que no hay premio- reduce la política gubernamental a la relación entre una foca y su entrenador. En vez de buscar solo el reconocimiento de la población, debemos exigir que un gobierno actúe por convicciones dentro de un marco democrático y no por cálculo. Si es por este motivo que se desea promover la reelección presidencial, nuevamente se desvirtúan sus potencialidades.

Finalmente, el autor de la nota afirma que "la posibilidad de una re-elección permite plantear políticas de mediano plazo, con un horizonte mayor al inminente recambio. Y en cuarto lugar, complementariamente con el punto anterior, la posibilidad de la permanencia en el gobierno contribuye a la construcción de una burocracia con profesionales con mayor experiencia en la administración pública, cuyo proceso de aprendizaje se fortalece conforme pasa el tiempo".

La continuidad de un gobierno no siempre asegura la continuidad de políticas acertadas ni la consecución de objetivos nacionales. Prueba de ello ha sido la "dictadura perfecta" del PRI en México, a la cual resulta difícil de catalogarla como de derecha o de izquierda a lo largo de su historia porque ha oscilado entre el proteccionismo, estatismo y populismo, y el libre mercado y la apertura económica.

Precisamente, el argumento de los caudillos que se instalan en el poder, por la fuerza o mediante elecciones democráticas, es que necesitan un tiempo más prolongado para terminar el proyecto iniciado -el cual muchas veces personalizan al grado que se consideran los elegidos para ejecutarlo-. Esto excluye la posibilidad de que el mismo plan pueda ser alcanzado, enriquecido y perfeccionado por otro gobierno y puede servir para perpetuar intereses para nada loables "en bien de la nación". Acerca de que la reelección permitiría el perfeccionamiento de la burocracia profesional, me parece que Carlos solo está considerando a los más calificados, a aquella tecnocracia que no profesa necesariamente algún credo partidario y que más bien acude solícita al llamado de los políticos y que siempre cae bien parada. No dudo de las capacidades de este sector de funcionarios públicos, pero son los menos. El grueso no actúa ni piensa como ellos ni desea perfeccionarse profesionalmente. Estos burócratas que menciona Carlos son "rara avis", aves de paso que tampoco desean perpetuarse en un cargo público porque las ofertas de trabajo y desarrollo de las que disponen son mayores en otro lugar.

A resultas de todo lo anterior, considero que muchas cosas deben cambiar en el Perú antes de volver a la reeleccion presidencial consecutiva. La discusión por este tema requiere de una debate previo concentrado en un diagnóstico acerca de las posibilidades y limitaciones que tendría su aplicación en concreto en nuestro país. La reelección consecutiva no es en sí misma perjudicial o beneficiosa, ya que influyen mucho las circunstancias que rodean su ejecución. No es lo mismo la reelección de Uribe y Chávez que la reelección pasada de Rodríguez Zapatero o la de Mitterrand en los 80's en Francia o las reelecciones en los EEUU. La reelección en el Perú es la reelección en el Perú.

viernes, octubre 23, 2009

Fotos de la semana

Manifestación del sindicato de trabajadores de la PUCP

Entrada principal de la PUCP, miércoles 21, 8.00 am.










Enlaces sobre el tema

PUCP: la huelga de 1984 - Silvio Rendón

Calidad de las demandas político-sociales de la ciudadanía

Qué le paso a Cenaida Uribe

Arturo Caballero

En esta semana, los medios de comunicación informaron de un incidente protagonizado por la congresista y ex voleibolista de la selección Cenaida Uribe. Las fuentes indican que agredió verbalmente a una policía que estaba desviando el tránsito en el centro durante el paso de la procesión del Señor de los Milagros.

Ante el requerimiento de los medios, la congresista decidió no tocar el tema y hasta el momento no ha esclarecido lo que sucedió. Bajo ningún concepto, es justificable que un funcionario público utilice su investidura para no respetar las leyes. Es verdaderamente fatigante enterarse cada semana de los exabruptos de congresistas, jueces y diversas autoridades quienes no están a la altura de las circunstancias. Un vocal en Puno se resiste a ser intervenido y desafía a la policía a liarse golpes; una abogada de la procuraduría nada menos, es intervenida, en completo estado etílico, por la policía y protagoniza un bochornoso incidente en la comisaría; lo del Congreso es pan de cada día.

La constante en todos estos casos, además del abuso del cargo para burlar la ley o una sanción, es la ausencia total de autocrítica. La incapacidad para reconocer un error, por el motivo que sea, imposibilita cualquier propósito de enmienda. Estos individuos, seguramente piensan que reconocer un error es signo de debilidad o pérdida de autoridad cuando realmente enaltecería su imagen en un contexto en el que es poco frecuente que una autoridad pida disculpas por sus errores.

Algo que me sorprende y creo merece analizarse es la cuestión de género. Es una observación empírica, pero he sido testigo, en diversas circunstancias, de cierta agresividad intensificada cuando la protagonizan mujeres. Cuando era profesor secundario y comunicaba al salón que en mi reemplazo llegaría una profesora, la reacción inmediata de la mayoría de las alumnas era adversa: preferían que venga un profesor; a menudo en los hospitales, he sido testigo a través de familiares o de pacientes, que ante la posibidad de que una doctora atienda u opere a su familiar, agoten la probabilidad de hallar a un doctor; incluso cuando ha ocurrido algún incidente de tránsito, no solo los choferes hombres hacen gala de su malacrianza al lanzar agravios de corte sexista contra conductoras, sino que también otras mujeres lo hacen: "mujer tenías que ser". (Una colega en mi trabajo nos contaba furiosa que "una mujer" la había chocado por detrás destacando sobre todo la condición de género de la misma).

Lo anterior tiene relación con una idea de Marco Aurelio Denegri: el feminismo, entendido como una propuesta revisionista y crítica de las relaciones intergenéricas, no ha calado en la mayoría de mujeres en el mundo. Prueba de ello es que muchas veces son las mismas mujeres quienes fomentan, avalan o difunden prácticas machistas. De manera similar sucede con otros tipos de discriminación (el cholo que cholea, el negro que discrimina con mayor ferocidad a sus similares). Recordemos que los agentes de represión durante la Colonia no solo fueron las autoridades españolas, sino que había indígenas a su cargo que ejecutan órdenes represivas contra sus congéneres. Sucede algo similar con los miembros de seguridad de algunas discotecas: en vez de indignarse por un maltrato contra un ciudadano debido a sus rasgos físicos, la emprenden con violencia contra los mismos acatando una orden superior; cuando diversas instituciones protestaban contra el personaje de la Paisana Jacinta de Jorge Benavides, podíamos apreciar que la sintonía era enorme en los sectores que supuestamente eran agraviados con ese personaje.

Sin embargo, estos casos no deberían servir para concluir que algunas situaciones injustas deben permanecer en aras de lo acostumbrado. Por el contrario, deben incentivarnos a buscar mejoras y tratos igualitarios. El problema es que quienes tienen la responsabilidad y la posibilidad de implementar cambios tienen actitudes éticamente reprobables. Además, quienes los eligen para que cumplan con su deber, no suelen estar interesados en fiscalizar o no tienen acceso a los mecanismos fiscalizadores para revertir tal situación o, mucho peor, estos no existen. A ello se agrega que la calidad de la demanda de gran parte de la ciudadanía en temas de corrupción es muy pobre: se aprecia más al vivo que al honesto, al cual se califica de ingenuo.

Hechos como el de la congresista Uribe solo cambiarán cuando la ciudadanía eleve las exigencias que plantea a sus representantes políticos.

miércoles, octubre 07, 2009

"Cuando tenga la tierra, la tendrán los que luchan, los maestros, los hacheros, los obreros..."

Adiós a Mercedes Sosa

Acabo de escribir un post sobre Mercedes Sosa en Náufrago Digital. Simplemente, desde aquí, quiero dejarles una canción que la Negra interpretó en Managua, Nicaragua, en un concierto organizado en respaldo del gobierno sandinista y en protesta por el abierto apoyo que los Estados Unidos brindaba a la guerrilla de los contras. El tema es "Cuando tenga la tierra". El contenido del video es una edición que toma el tema de la letra, pero no es video del concierto propiamente. En Náufrago Digital, pueden encontrar el video del concierto.



Cuando tenga la tierra
sembraré las palabras
que mi padre Martín Fierro puso al viento,
cuando tenga la tierra
la tendrán los que luchan
los maestros, los hacheros, los obreros.

Cuando tenga la tierra
te lo juro semilla
que la vida será un dulce racimo
y en el mar de las uvas
nuestro vino, cantaré, cantaré.

Cuando tenga la tierra
le daré a las estrellas


astronautas de trigales, luna nueva
cuando tenga la tierra
formaré con los grillos
una orquesta donde canten los que piensan.
Cuando tenga la tierra
te lo juro semilla
que la vida
será un dulce racimo
y en el mar de las uvas
nuestro vino, cantaré, cantaré.

'Campesino, cuando tenga la tierra
sucederá en el mundo
el corazón de mi mundo
desde atrás de todo el olvido secaré con mis lágrimas
todo el horror de la lástima y por fin te veré,
campesino, campesino, campesino, campesino,
dueño de mirar la noche en que nos acostamos para hacer los hijos,
campesino, cuando tenga la tierra
le pondré la luna en el bolsillo y saldré a pasear
con los árboles y el silencio
y los hombres y las mujeres conmigo'.
Cantaré, cantaré, cantaré, cantaré.

domingo, octubre 04, 2009

Crisis de la socialdemocracia europea

Un diagnóstico paralelo

En su último post, Martín Tanaka recomendó la lectura de algunos artículos que daban cuenta de la crisis que actualmente atraviesa la socialdemocracia en Europa, la cual se ha acentuado luego de la reelección de Angela Merkel en Alemania. En general, la crisis de la socialdemocracia es un eco de la crisis que atraviesan los partidos políticos tradicionales en todo el mundo, solo que en el caso de los socialdemócratas es particularmente más grave porque tanto los liberales como los conservadores se han acomodado mejor al nuevo contexto político, sobre todo si es que lo analizamos desde la perspectiva de los votantes.




En What is wrong with Social Democracy? (¿Cuál es el problema con la Socialdemocracia?) Matt Browne, Ruy Teixiera, and John Halpin establecen las causas, limitaciones y posibilidades de la Socialdemocracia en el escenario político europeo actual. Los autores del artículo publicado en Spiegel plantean la siguiente interrogante: ¿Por qué los grupos sociales emergentes, que anteriormente eran próximos a la Socialdemocracia, no votan por ella? Primero, porque los socialdemócratas europeos no han definido bien lo que ellos representan o qué los diferencia de los conservadores. En un post reciente, mencioné que una de las críticas más fuertes contra la centroizquierda era que, después de la caída del Muro de Berlín y el derrumbe del socialismo, se allanaron ante la agenda de la derecha liberal, lo que implicó una renuncia a ciertos principios fundamentales que históricamente la Socialdemocracia había defendido: igualdad, libertad, Estado de Bienestar y más recientemente, multiculturalidad, entre otras. De esta manera, las propuestas progresistas se inhiben con la finalidad de que sus representantes luzcan más modernos, autocríticos y más conectados con el quehacer político-económico actual. Es así que el votante que antes depositó su plena confianza en los socialdemócratas ahora ve con simpatía las propuestas de la derecha liberal, ya que no se distinguen radicalmente de las socialdemócratas, las cuales parecen ser un apéndice de aquellas.

Segundo, los socialdemócratas no han conectado con los valores de los votantes y en consecuencia, tampoco responden al enojo populista que está típicamente arraigado en estos valores. En todo el mundo, es evidente que ha aparecido una nueva clase social emergente producto del desarrollo económico centralizado en algunas zonas del planeta: India, China, sudeste asiático, etc. En Europa ha ocurrido lo propio, pero de manera que esta nueva clase emergente que antes fuera la reserva electoral de la socialdemocracia posee nuevas expectativas que no concuerdan con lo que los progresistas tienen previsto para ellos. Frente a problemas concretos como la delincuencia, la inmigración, el desempleo, la crisis financiera y el terrorismo, la derecha aparece como más determinante, sin medias tintas y con medidas concretas (lo que no quiere decir acertadas) para enfrentar los problemas de interés público. Asimismo, no llaman la atención del gran electorado porque están enfrascados en discusiones intelectuales sobre cuestiones éticas muy loables acerca de lo que "debe ser" y, en consecuencia, olvidan que su agenda también debe incluir las nuevas expectativas de sus votantes. Por ello, los electores terminan por inclinarse hacia la derecha que sí les presta mayor atención.

Tercero, los demócratas sociales se hallan confrontados por una avalancha de nuevos desafíos de la política que la Tercera Vía no previó. Uno de ellos tiene que ver con los conflictos ideológicos que se creían extintos luego de 1989, lo cual alimentó la idea de una nueva etapa postideológica caracterizada por el dominio del capitalismo neoliberal, es decir, por un escenario político-económico unipolar. Sin embargo, el retorno de los fundamentalismos religiosos y del nacionalismo, la amenaza terrorista y la crisis financiera mundial nos han demostrado que lo ideológico sigue vigente, pues tales asuntos alcanzan una dimensión planetaria. ¿Qué tendría que hacer la Socialdemocracia en una etapa marcada por la ausencia de discusión ideológica y marcada por un exacerbado pragmatismo político-económico? Al parecer muy poco y no tanto porque las condiciones no sean las adecuadas (la desigualdad económica, la injusticial social y la restricción de libertades subsisten y la crisis económica mundial brinda una oportunidad a las causas progresistas para que tomen la batuta de la discusión política) sino porque les viene faltando capacidad de reacción. No han aprovechado la actual coyuntura y nuevamente la derecha y los liberales les ganaron por puesta de mano. Creyeron a pie puntillas que la Historia había terminado y con ella los conflictos ideológicos.

Los socialdemócratas, finalmente, no han modernizado su manera de hacer política. Siguen pensando en que un mando central debe dirigir y planificar todas las actividades del partido y olvidan que la discusión política se mudó a otros espacios. La deliberación política de la ciudadanía está cobrando mayor fuerza cada vez en Internet. Los blogs recogen las inquietudes de la población a la manera que lo hacía la radio hasta hace algunas décadas. En la blogósfera circula información sin censura y en tiempo real, e incluso se formulan denuncias que luego se canalizan en los medios oficiales. Los votantes de hoy son menos pasivos y quieren participar de la discusión. Por esta razón, se alinearán con aquella plataforma que recoja sus inquietudes y les dé tribuna para expresarse.

Este diagnóstico sobre la crisis de la socialdemocracia europea puede darnos algunas luces acerca de lo que sucede con la centroizquierda en el Perú. Estas mismas explicaciones sirven también para analizar el rol de los partidos de izquierda en el Perú con una salvedad: no hemos tenido una tradición socialdemócrata en nuestro país. El APRA, que estaba llamado a ser la izquierda democrática, se encuentra hoy a la derecha de la derecha. La izquierda radical, en todos sus matices, intenta recomponerse, pero le cuesta mucho presentarse como tal frente a la opinión pública por lo que prefieren camuflarse dentro de frentes regionales o del nacionalismo. Por su parte, la centroizquierda peruana ha heredado el gen divisionista que ha azotado a la izquierda desde su nacimiento, ya que existen planteamientos microgrupales, pero no se ve la intención de integrarlos en una plataforma más amplia. Aparte de ello, tienen que lidiar con la confusión ideológica que los aproxima a la extrema izquierda y con los prejuicios suscitados a partir del IF CVR, las ONGs y los DDHH.

Si la centroizquierda pretende ocupar el gobierno, debe repensar sus estrategias, sobre todo, su manera de hacer política en el Perú.

Karl Marx, Hitler y la globalización

Una lectura atenta de El manifiesto comunista Marx-Engels 1848 y de Mi lucha, de Adolf Hitler nos llevaría a concluir que aquella izquierda latinoamericana más retrógrada que se refugia en el nacionalismo es totalmente adversa a lo que Marx y Engels tenían previsto para el socialismo posterior a ellos. Hitler, si pudiera contemplar la realidad política mundial, posiblemente celebraría los postulados etnocaceristas, no en contenido, pero sí tal vez como estructura de pensamiento que enarbola la centralidad de una cultura por sobre otras y que considera al extranjero como una amenaza a la existencia propia. Hitler sería de izquierda en Latinoamérica.

En cambio, el viejo Marx vería a esta izquierda con mucho recelo, pues la tildaría de fascista y bárbara. Posiblemente, sería ecologista radical y, a la luz de los hechos posteriores a 1989, habría moderado su postura hacia la centroizquierda. ¿Y por qué? Porque, simplemente, la izquierda no puede ser nacionalista. Para que saque sus propias conclusiones, lea atentamente estos fragmentos de los textos antes mencionados. (Si lo prefiere, contrástelo con otra fuente similar)

Manifiesto del Partido Comunista (1848)

La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario.

Dondequiera que se instauró, la burguesía echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas (...)

La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita. Entre los lamentos de los reaccionarios destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas, cuya instauración es problema vital para todas las naciones civilizadas; por industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo. Brotan necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba así mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. Y lo que acontece con la producción material, acontece también con la del espíritu. Los productos espirituales de las diferentes naciones vienen a formar un acervo común. Las limitaciones y peculiaridades del carácter nacional van pasando a segundo plano, y las literaturas locales y nacionales confluyen todas en una literatura universal.

La burguesía, con el rápido perfeccionamiento de todos los medios de producción, con las facilidades increíbles de su red de comunicaciones, lleva la civilización hasta a las naciones más salvajes. El bajo precio de sus mercancías es la artillería pesada con la que derrumba todas las murallas de la China, con la que obliga a capitular a las tribus bárbaras más ariscas en su odio contra el extranjero. Obliga a todas las naciones a abrazar el régimen de producción de la burguesía o perecer; las obliga a implantar en su propio seno la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. Crea un mundo hecho a su imagen y semejanza.


Digitalizado para el Marx-Engels Internet Archive por José F. Polanco en 1998. Retranscrito para el Marxists Internet Archive por Juan R. Fajardo en 1999.


Mi lucha (Adolf Hitler)

Sólo la fuerza unida y concentrada de una pasión nacional en ebullición conseguirá hacer frente a la esclavitud internacional de los pueblos. Una solución tal se logrará siempre sólo por medio de la fuerza.
El objetivo por el cual tenemos que luchar es el de asegurar la existencia y el incremento de nuestra Raza y de nuestro pueblo; el sustento de sus hijos y la conservación de la pureza de su sangre; la libertad y la independencia de la Patria, para que nuestro pueblo pueda llegar a cumplir la misión que el Supremo Creador le tiene reservada.

La labor de la llamada prensa liberal fue obra de los sepultureros de la Nación alemana y del Reich. Nada diremos de las gacetas marxistas consagradas a la mentira; para ellas la falsedad es una necesidad vital como para el gato los ratones. Su misión se concreta a dislocar el poder racial y nacional del pueblo, para prepararlo a llevar el yugo de la esclavitud del capitalismo internacional y de sus gerentes, los judíos.

Si en el fragmento de El manifiesto comunista reemplazamos "burguesía" por "globalización", veremos que el texto tiene gran actualidad y que si fuera leído, por ejemplo, en el CADE, claro con ciertos arreglos, captaría la atención de los más rabiosos inversionistas y, de seguro, despertaría elogios de parte de Jaime de Althaus y enormes críticas de Ollanta Humala y los nacionalistas. Análogamente, si en los fragmentos de Mi lucha cambiamos "judío" por "chileno", este fragmento bien podría pasar como uno de los tantos mensajes de Ollanta o Isaac Humala emitido durante su última campaña -porque el Humala de este instante es totalmente otro-

Les dejo la interrogante para comentarla luego: ¿Por qué la izquierda no puede (ni debe) ser nacionalista?

domingo, septiembre 27, 2009

Los comunistas liberales según Slavoj Zizek (y según este blogger)


Desde esta tribuna digital, hemos sustentado la posibilidad de un liberalismo de izquierda como alternativa a la vieja izquierda radical y extremista, y a la derecha ultraconservadora, promercado y antiderechos humanos. Personalmente, considero que ninguna doctrina, ideología o teoría agota por sí sola una explicación de los fenómenos que intenta abordar; por ello, me inclino por una solución integral y más ecléctica que contemple lo mejor de cada una de las doctrinas en cuestión (o de todas aquellas que puedan aportar algo), ya que, en lo que respecta al socialismo y al liberalismo, estos tienen, en sus fundamentos iniciales, varios puntos de encuentro que podrían dar lugar a una síntesis en tiempos en los que, por un lado, luego de la caída del Muro de Berlín, del derrumbre de la Unión Soviética y del giro hacia el capitalismo salvaje dirigido por el Partido Comunista chino, y, por el otro, del actual colapso financiero mundial producto del laissez faire ultraliberal en el cual el Estado, hasta hace unos meses, no debía intervenir, tanto el socialismo como el liberalismo contemporáneo (lo llamaré en adelante neoliberalismo) deben repensar su lugar en el nuevo orden mundial.

Del socialismo se ha dicho mucho desde 1989: que ya no tiene nada más qué decir porque la Historia ha demostrado que sus postulados son inviables o que, entusiastas como Francis Fukuyama, la historia ha terminado y ha comenzado el imperio de la globalización en clave neoliberal caracterizado por un mundo unipolar en el que, en cuestión de tiempo, todos los Estados mundiales acabarán por asumir, tarde o temprano, el nuevo paradigma político, social y económico imperante, la democracia liberal, en detrimento de las utopías socialistas de principios y mediados del siglo XX.

Aquellos que desde 1989 hacia adelante saltaron sobre la tumba del socialismo posiblemente hoy están experimentando el mismo drama de aquellos izquierdistas de viejo cuño que ante la evidencia de la realidad no les queda otra opción que reacomodarse en el nuevo orden de manera que el choque no sea tan traumático. La diferencia radica en que el cargamontón que recibieron aquellos que se autodenominaban socialistas (luego de la caída del Muro de Berlín y del derrumbe del socialismo en Europa occidental muy pocos tuvieron las agallas de aceptar abiertamente que lo eran, so pena de lucir como piezas de arqueología política) no se compara al que hoy en día recae sobre los defensores del liberalismo económico global (neoliberalismo). Estos últimos tienen a su favor, aún, que el sistema financiero mundial ha resistido, aunque endeblemente, este primer embate de la crisis. Y digo primero porque, según los especialistas, todavía no es posible avizorar si ya tocamos fondo o si algo peor está por venir. También los favorece que los Estados del primer mundo agrupados en estas asociaciones numéricas tipo G8, G10, G20, APEC, ALC-UE y demás no contemplan otra salida que perpetuar el modelo económico cuyo aplicación ortodoxa y convenida en algunos países, ha ocasionado la actual crisis económica mundial. ¿Acaso alguna de estas sociedades interestatales inició una cruzada para salvar al bloque socialista de la debacle que la amenazaba? Por supuesto que no, ya que la caída del socialismo a nivel mundial allanaba el camino para la expansión global del neoliberalismo.



Sin embargo, a pesar que la tercera vía del liberalismo de izquierda se perfila como una alternativa al fracaso del socialismo y del liberalismo absolutos, un intelectual de izquierda como Slavoj Zizek es muy escéptico frente a esta extraña síntesis postmoderna y postideológica a la cual califica de tibia y cómplice de la derecha. Zizek es un radical en el mejor sentido de la palabra: no va con medias tintas y desconfía abiertamente de opciones como la tercera vía o el socioliberalismo (liberalismo de izquierda o izquierda liberal). En ¿Quién dijo totalitarismo? fustiga a la socialdemocracia europea que luego del derrumbe del socialismo se allanó completamente a la agenda de la derecha liberal al punto de ser cómplice de sus tropelías y traicionar los principios que distinguían a la izquierda de la derecha. Zizek entiende el radicalismo de una manera diferente como tradicionalmente podríamos asumirla. El radical, para Zizek, es aquel que no negocia sus convicciones según las circunstancias y que muere en su ley, pese a que el contexto no le es favorable. Zizek los llama en su libro "radicales libres". Critica a la nueva izquierda que se avergüenza de su pasado y que en aras de no lucir totalitaria, acata todos los preceptos que el imperio neoliberal impone como políticamente correctos, so pena de parecer totalitario si es que la contradice.

De otra parte, en "Los comunistas liberales de Porto Davos", Zizek enfila sus baterías contra los comunistas que asumen el liberalismo como signo de actualidad y progreso a la vez que los sindica como oportunistas que quieren ganar un poco de espacio en el mundo político. Prueba de ello sería que no tienen reparos en participar de las cumbres antiglobalización como en las cumbres del G8, G20 o similares. Estar en Porto Alegre y lanzar vivas contra la globalización no se contradice, para estos comunistas liberales, con asistir a una cumbre en la que se discute sin éxito, el presupuesto mundial para reducir las emisiones de CO2, el desarme nuclear, la transición urgente de la industria a energías renovables o la despenalización de la migración ilegal. Es decir, estar en Lima durante la ALC UE y afirmar que más importante que declarar el libre tránsito de productos sería declarar el libre tránsito de seres humanos, en virtud de una ciudadanía mundial y globalizada, no sería incompatible, para estos comunistas liberales, con participar de la directiva de retorno que dos semanas después aprobó el parlamento europeo, en la cual los países de la Unión Europea penalizaban la migración ilegal con cárcel.

Aunque Zizek lo desconozca, estos comunistas liberales a los que alude bien pueden encajar para algunos en la denominación local de "caviares" con la que algunos medios, políticos, bloggers y comentaristas de blogs han denominado al sector político-académico que representa en nuestro país "lo políticamente correcto", es decir, la defensa de los Derechos Humanos, la importancia del Informe Final de la Comisión de la Verdad, la judicialización de casos contra militares implicados en crímenes de lesa humanidad y el reconocimiento a la sentencia condenatoria a Fujimori, entre otros aspectos. Zizek, en pocas palabras, critica el oportunismo y la frivolidad con que se abordan los asuntos político de partes de estos comunistas liberales a la europea.

Considero aceptable la crítica de Zizek en la medida que la socialdemocracia europea se ha replegado tanto que en su ánimo de lucir moderna, no radical, es decir, de desprenderse de todas las etiquetas que heredó del viejo socialismo, ha claudicado ciertos principios en aras de no perder vigencia y conservar espacios de protagonismo: la reducción progresiva del Estado de Bienestar y apoyo a las leyes antimigratorias o endurecimiento del régimen migratorio son algunos ejemplos de cómo la socialdemocracia europea, en sintonía con los sectores más conservadores y con el clamor de la opinión pública, está ignorando aquellos principios que sentaron las bases de su origen. Sin embargo, es también muy peligrosa la demanda del intelectual esloveno: invocar el radicalismo conlleva el riesgo de despertar aquellas bajas pasiones que soliviantaron el holocausto estalinista, maoísta, polpotiano y gonzalista. Por supuesta que hacer una invocación como esta en Europa no es lo mismo que hacerla en Latinoamérica o África: allá a los manifestantes que protestan contra los despidos o a los sindicatos que paran los ferrocarriles un par de días en Inglaterra o Francia no los llaman "salvajes" ni "bárbaros"; contrariamente, el gobierno y las empresas negocian y procuran llegar a un acuerdo; en cambio, por estos lares, se les acusa de ser obstáculo para el progreso y de no ser interlocutores válidos para el debate, puesto que no son "ciudadanos de primera clase".

Los comunistas liberales de Zizek no equivalen a los tan denostados "caviares" locales. De que hay frivolidad en algún sector de la intelectualidad y de la política peruana de centroizquierda, sí la hay, pero no es exclusividad de ellos, sino propio de cualquier individuo dedicado a este quehacer. Por ello, es injusta esta denominación en muchos casos porque se viene utilizando para descalificar la actuación de aquellos intelectuales y políticos que han tenido una participación decisiva en el cambio de percepción acerca de los derechos humanos (no son solo de los terroristas, sino de todos los ciudadanos), recuperación de la memoria (buscar la verdad, no ocultarla ni olvidar, para hacer verdadera justicia), señalamiento de responsabilidades (todos fuimos víctimas y no hay victimario bueno o justificado: FFAA y terroristas), reparación a las víctimas sin mezquindades por mencionar algunos temas.

El político o intelectual de coctel que asiste a los Foros Mundiales sobre la pobreza y que apoya a la vez el endurecimiento de las leyes migratorias es el verdadero caviar. De hecho, este apelativo surge en los años 60 cuando en las reuniones más distinguidas de las altas esferas de la burocracia socialista de Europa Oriental, el aperitivo más frecuente eran los huevos de esturión. De allí el término de gauche caviar para referirse a esta izquierda de refinado paladar. Tales comunistas no tienen lugar en nuestro país, primeramente porque no tenemos comunistas. (No escucho a ningún político ni siquiera a los más extremistas vociferar a los cuatro vientos que es comunista; tal vez, y eso se lo dejo a los politólogos y científicos sociales, el "comunista" ha sido reemplazado por el "nacionalista" término que recoge del primero el ímpetu radical y confrontacional y que, a la vez, atenúa todos las significaciones monstruosas que contiene el primero: la valoración de la identidad nacional puede unificar a tirios y troyanos contra un enemigo común, de ahí que el nacionalismo sea tan transversal a las ideologías políticas).

Si bien es cierto que la centroizquierda peruana hizo posible la discusión pública de ciertos temas a partir del Informe Final de la CVR y del accionar de algunas ONG's y centros de investigación, se necesita que todo ello se traduzca en acción política organizada que convoque la participación ciudadana. De lo contrario, todas aquellas buenas intenciones se quedarán en eso: intenciones. La dificultad que percibo es que el amplio espectro de la izquierda peruana es tan disperso que dudo puedan elaborar un proyecto común (Ollanta, el padre Arana, Susana Villarán y Javier Diez Canseco no caminan necesariamente por la misma vereda política); y lo otro es que percibo muy poca disposición de los nuevos cuadros políticos de la centroizquierda para involucrarse en un proyecto político; más bien los veo interesados en adherirse a plataformas más amplias o establecer alianzas estratégicas. ¿Acaso hay temor por ensuciarse un poco las manos? lo digo en el sentido de exponerse a la crítica y de "bajar al llano", no de apoyar causas nefastas.

Esperemos que la izquierda peruana, al menos aquella que ha sido autocrítica, tome conciencia de la responsabilidad que tiene frente a la sociedad y se decida de una vez por todas a deliberar con el ciudadano común y corriente. Un primer paso ha sido el IF CVR; ahora toca tomar decisiones políticas desde el Estado y limpiarse la cara un poco. Están en deuda con todos.

Próximamente: ¿Cuál es la deuda de la izquierda peruana con la sociedad?