Antes de empezar debo aceptar mi escasa información y formación en cuestiones de teología. Sin embargo, considero que ello no me exime de tener una postura respecto a ciertas afirmaciones que involucran una discusión académica en la que puede participar todo aquel que crea tener algo importante que decir. A pesar de que la autoridad para manifestarse sobre alguna materia tiene que ver con la especialización en la misma, también considero que ninguna parcela del saber humano es patrimonio de nadie, es decir, por ejemplo, los asuntos literarios han sido abordados por científicos sociales y filósofos con resultados satisfactorios que, a su vez, han ampliado el horizonte de la teoría literaria contemporánea. Lo mismo podría afirmar acerca de la teología y la filosofía. Por ello, más que la autoridad del individuo, o además de ella, es importante el contenido de las ideas expuestas.
El 2005, Gustavo Sánchez, profesor de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, fue entrevistado acerca de la Teología de la Liberación, especialmente, sobre la tendencia desarrollada por el sacerdote Gustavo Gutiérrez. Al respecto, después de revisarla, y con la distancia de por medio, me animo a observar algunas de sus afirmaciones. (Por ello, sugiero leer primero la entrevista).
-La creencia de que puede existir algún discurso desideologizado, inmaculado de cualquier contenido. Esto es un total desacierto de su parte. Lo ideológico está presente en cualquier discurso sobre todo si se trata de aquellos que son enunciados desde posiciones de poder. El problema no es que exista ideología en la TL, sino en deslizar la posibilidad de que desde los estudios teológicos no exista ideología, y peor aún en creen que esta no existe (es cuando no se la quiere ver cuando realmente es más activa) entendida como un sistema de creencias que busca constituirse como una herramienta de poder a través del discurso. Es este discurso el que mueve a los individuos a actuar según lo previsto por la ideología, o sea, que es indispensable un aparato institucional que sostenga el discurso ideológico y que lo reproduzca a través de individuos que gocen de reconocimiento social (el espacio académico brinda una oportunidad enorme para esto; también lo son los cargos públicos y políticos). A la luz de esto, habría que preguntarnos si los estudios teológicos católicos no están ideologizados. Al menos la TL hace visible ello a través de la crítica.
-Lo otro es que a través de las respuestas de Gustavo Sánchez me queda más clara la diferencia entre la filosofía y la teología. Si la filosofía renuncia a la reflexión, a la crítica constante, incluso de sus propias ideas, pierde, para mí su razón de ser. Los teólogos conservadores como Sánchez, apelarán, como es de esperarse a una hermenéutica también conservadora. Cada vez estoy más convencido de que la filosofía, o más bien los filósofos, no deberían llegar a defender con apasionamiento ninguna creencia que antes no hayan cuestionados exhaustivamente. Un ejemplo de ello me viene a la mente con Isaiah Berlin quien fue un ardoroso crítico del marxismo, pero a la vez un denodado lector de las obras de Marx a quien dedicó varios ensayos.
-Otro: ¿por qué un intelectual como Gustavo Gutiérrez que tiene la convicción de una idea tendría que rectificarse si no lo desea? Si lo hace será en virtud de un convencimiento personal, pero me parecería grave que lo hiciera por mandato o sumisión a la jerarquía eclesiástica. Al parecer la Sánchez, Gutiérrez y la TL ya perdieron antes de discutir. ¿se puede entablar un diálogo en estas condiciones? Definitivamente, no. La explicación puede ser que la teología, tal como la conciben aquellos que coinciden con Sánchez, parte de la premisa de la incuestionabilidad de ciertos conocimientos que deben mantenerse inalterables e impolutos. Lo otro tiene que ver con los objetivos de esta teología y sus presupuestos: argumentar apelando a la divinidad de Jesucristo puede ser válido para una comunidad cristiana (incluso guardando ciertos reparos dependiendo de qué tendencia sea) pero será inútil si se quiere debatir fuera de esos espacios en los que la razón y/o la práctica aportan evidencias. Sánchez no debate fuera de esos ámbitos.
El 2005, Gustavo Sánchez, profesor de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, fue entrevistado acerca de la Teología de la Liberación, especialmente, sobre la tendencia desarrollada por el sacerdote Gustavo Gutiérrez. Al respecto, después de revisarla, y con la distancia de por medio, me animo a observar algunas de sus afirmaciones. (Por ello, sugiero leer primero la entrevista).
-La creencia de que puede existir algún discurso desideologizado, inmaculado de cualquier contenido. Esto es un total desacierto de su parte. Lo ideológico está presente en cualquier discurso sobre todo si se trata de aquellos que son enunciados desde posiciones de poder. El problema no es que exista ideología en la TL, sino en deslizar la posibilidad de que desde los estudios teológicos no exista ideología, y peor aún en creen que esta no existe (es cuando no se la quiere ver cuando realmente es más activa) entendida como un sistema de creencias que busca constituirse como una herramienta de poder a través del discurso. Es este discurso el que mueve a los individuos a actuar según lo previsto por la ideología, o sea, que es indispensable un aparato institucional que sostenga el discurso ideológico y que lo reproduzca a través de individuos que gocen de reconocimiento social (el espacio académico brinda una oportunidad enorme para esto; también lo son los cargos públicos y políticos). A la luz de esto, habría que preguntarnos si los estudios teológicos católicos no están ideologizados. Al menos la TL hace visible ello a través de la crítica.
-Lo otro es que a través de las respuestas de Gustavo Sánchez me queda más clara la diferencia entre la filosofía y la teología. Si la filosofía renuncia a la reflexión, a la crítica constante, incluso de sus propias ideas, pierde, para mí su razón de ser. Los teólogos conservadores como Sánchez, apelarán, como es de esperarse a una hermenéutica también conservadora. Cada vez estoy más convencido de que la filosofía, o más bien los filósofos, no deberían llegar a defender con apasionamiento ninguna creencia que antes no hayan cuestionados exhaustivamente. Un ejemplo de ello me viene a la mente con Isaiah Berlin quien fue un ardoroso crítico del marxismo, pero a la vez un denodado lector de las obras de Marx a quien dedicó varios ensayos.
-Y en relación con lo anterior, es increíble, o tal vez no debería serlo viniendo de un conocedor en teología de orientación conservadora, defender la integridad del conocimiento teológico negando la posibilidad de que se enriquezca con los aportes de otras disciplinas como el marxismo, agregado al cual considera de una perversión enorme. Si el marxismo con toda la carga dogmática que tuvo y todavía mantiene en algunos sectores, fue susceptible de incorporar al psicoanálisis, al estructuralismo, a la semiótica y aplicarse no solo al análisis socioeconómico y político, sino también al cultural (tal como lo hizo la Escuela de Frankfurt y posteriormente los postmarxistas europeos) ¿por qué defender la teología como un espacio que rechace la multidisciplinariedad?. Al respecto, me sorprende como es que Sánchez reconoce una heterogeneidad dentro del pensamiento de la Teología de la Liberación, pero ignora la misma heterogeneidad dentro del marxismo. Hago esta mención porque en la referida entrevista, Sánchez, ante la pregunta que considera la violencia como un elemento consustancial del marxismo, avala dicha implicancia. La violencia no es consustancial al marxismo. No voy a dedicar una amplia digresión a detallar las diversas tendencias postmarxistas en la actualidad, pero solo recalco que en las plataformas de lucha del marxismo contemporáneo, es decir, de aquel que ha asumido una autocrítica luego de la debacle post muro de Berlín, se han incorporado las reivindicaciones de las minorías étnicas, nacionales, sexuales, lingüísticas y hasta religiosas y ya no solo las económicas del proletariado.
-Otro: ¿por qué un intelectual como Gustavo Gutiérrez que tiene la convicción de una idea tendría que rectificarse si no lo desea? Si lo hace será en virtud de un convencimiento personal, pero me parecería grave que lo hiciera por mandato o sumisión a la jerarquía eclesiástica. Al parecer la Sánchez, Gutiérrez y la TL ya perdieron antes de discutir. ¿se puede entablar un diálogo en estas condiciones? Definitivamente, no. La explicación puede ser que la teología, tal como la conciben aquellos que coinciden con Sánchez, parte de la premisa de la incuestionabilidad de ciertos conocimientos que deben mantenerse inalterables e impolutos. Lo otro tiene que ver con los objetivos de esta teología y sus presupuestos: argumentar apelando a la divinidad de Jesucristo puede ser válido para una comunidad cristiana (incluso guardando ciertos reparos dependiendo de qué tendencia sea) pero será inútil si se quiere debatir fuera de esos espacios en los que la razón y/o la práctica aportan evidencias. Sánchez no debate fuera de esos ámbitos.
Encuentro una significativa carga dogmática en la crítica de Sánchez hacia la Teología de la Liberación. La pregunta que me gustaría hacerle es cómo hace para conciliar la filosofía con la teología de manera que una no termine opacando a la otra. En su caso, al parecer, la filosofía ha sido engullida por la teología conservadora.
Estoy seguro de que dentro de los estudios cristianos y específicamente católicos, existen mayores niveles de apertura que no hallan discrepancia entre, por ejemplo, la sociedad secular que propone el modelo liberal y la religión, o el de la deliberación política desde cualquier esfera pública o privada sin importar la investidura de quien lo hiciera, ya sea religioso o laico. Por todo ello, considero que los alcances de la crítica de Sánchez adolecen de un vuelo muy reducido, ya que fuera del ámbito de la teología conservadora, dudo que pueda establecer un diálogo que sea mutuamente enriquecedor en la medida que sostenga ideas como la posibilidad de un discurso desideologizado o la negación de la multidisciplinariedad del conocimiento, en este caso, de la teología.
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(*) Gustavo Sánchez, Sodálite, Doctor en Sagrada Teología. Se desempeña como Profesor Principal en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, es Director de la Escuela de Postgrado de la misma Facultad de Teología y Profesor Asociado de la Universidad Católica San Pablo (Arequipa).











